Ciudad, desierto, agua y ¡acción!

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Durango es el cuarto estado más grande de la República Mexicana, lo que hace
posible que confluyan en él prácticamente todos los tipos de clima, sólo le hace
falta playa, pero el que tenga ganas de mar, ¡en tres horas por carretera estará
en Mazatlán, Sinaloa!

El estado formaba parte, durante el virreinato español, de la provincia de Nueva
Vizcaya, pues su capitán gobernador, Francisco Ibarra, era de la villa de
Durango, Vizcaya. De hecho, él bautizó a la capital de la provincia con el nombre
de Durango, que en vasco significa “más allá del agua”, pues le parecieron muy
semejantes ambas ciudades debido a la abundante cantidad de agua de la tierra
recién descubierta.

La capital de Durango, que lleva el mismo nombre que el estado, es una ciudad
colonial con más de 450 años de historia, con hermosos edificios civiles y
religiosos ubicados en el centro histórico, dignos de visitarse.
Una vez que conozcas la capital, a sólo media hora de Durango estarás en la
sierra y sus increíbles alrededores, llenos de belleza natural y de rica
biodiversidad. El estado también es hogar de comunidades indígenas como la
tepehuana, la wixarika, la náhuatl y la rarámuri.

A sólo 48 kilómetros de Durango capital, casi en el límite con Zacatecas, está el
municipio Nombre de Dios, que deleita a la vista y a tus sensaciones con su
cascada El Saltito, rodeada de piedra volcánica, a la cual puedes bajar mediante
170 peldaños, ¡vale la pena hacerlo!, y también deleita al paladar con su mezcal,
pues esta región produce un agave propio llamado ceniza, con unas notas
aromáticas y gustativas únicas, intensificadas porque la piña de la planta se asa
en leña.

Al este, a menos de 5 kilómetros de la cascada, está el balneario Los Berros,
con agua limpia de manantial donde podrás pasar un refrescante y divertido día
de campo. Allí mismo se encuentra el árbol de mezquite más viejo de la historia:
junto a él se ofició la primera misa para españoles e indígenas en 1555, por el
fraile franciscano Jerónimo de Mendoza.

En el mismo municipio de Nombre de Dios está La Constancia, un pequeño
poblado que me impresionó porque tiene canales y puentes que atraviesan la
localidad, algunos le llaman “la Venecia duranguense”.

Una vez en el vasto interior del estado hay infinidad de poblaciones que puedes
conocer y quedar maravillado; a 266 kilómetros de la capital, yendo hacia el
noreste, y dentro de la reserva de la biósfera Bolsón de Mapimí, te espera el
Pueblo Mágico de Mapimí (que significa “cerro elevado”), un antiguo poblado
minero donde se ubica el puente colgante de Ojuela, que cuentan que fue
diseñado por el ingeniero Joseph B. Strauss, el mismo que se encargó años
después del Golden Gate, en San Francisco, California. Ahí están las
impresionantes Grutas del Rosario, que se pueden visitar por dentro. Yendo al
norte, a 158 kilómetros, está la Zona del Silencio, un área magnética donde
aseguran que suceden cosas “extrañas” debido a fenómenos físicos.

Un poco al sureste, en el vecino municipio de Lerdo, a unos 45 kilómetros de
Ciudad Lerdo (y a 250 kilómetros de Durango), se encuentra el área natural
protegida Parque Estatal Cañón de Fernández, donde confluyen dos
ecosistemas: el desierto y el agua de la Comarca Lagunera, y hay posibilidad de
realizar actividades ecoturísticas.

Y siguiendo con el tema naturaleza, en Durango hay varios terrenos de caza
regulados, donde se encuentran ejemplares como jabalí, venado, guajolote, y
aves migratorias, como gansos y patos… Por algo varios de los platillos típicos
locales los incluyen, como el pipián de guajolote o la barbacoa de venado,
además de contar con comida muy del campo, como la tradicional discada:
carne de res, cerdo, embutidos, cebolla y jitomate, preparada sobre discos de
arado, y que sirve para rellenar tacos.

Siguiendo con la gastronomía duranguense, aquí te van mis recomendaciones
para que no te pierdas ninguna cuando vacaciones por Durango: los dulces
típicos de pasta de almendras, el quiote, el pan artesanal, el caldillo
duranguense, los choales, la gallina borracha, la sopa de huevo podrido, los
patones, las variadas conservas, los tornachiles, los quesos y la crema que
elaboran los menonitas en el municipio de Nuevo Ideal, y, para beber, sus
deliciosos licores y, por su puesto, ¡el mezcal!

Y, para poner un cierre digno de película, Durango tiene años fungiendo como
escenario de filmaciones, por su cielo tan azul, su tierras áridas y su toque
“western”. De hecho, a 12 kilómetros al noroeste de la capital, puedes pasar un
divertido sábado o domingo visitando el Paseo del Viejo Oeste, un parque
temático donde verás cómo se filmaron cintas legendarias de México y Estados Unidos, y asistirás a un espectáculo de indios y vaqueros en un set de rodaje, de donde tomarás parte, ya que podrás vestirte con trajes de la época.

En fin, es hora de que tú vayas a Durango y me cuentes tus vivencias. O, si eres de Durango o lo has visitado, escríbeme aquí tus recomendaciones para que todos puedan disfrutarlo ¡con todos los sentidos!

Conoce más de Durango y enamórate de él aquí:

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