Ellas me enseñaron el amor a través de la comida

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Mis recetas me llegaron de mis abuelitas y tías a través de mi madre, de quien he heredado el gusto y los sabores de nuestras tradiciones. Tanto ella como mi hermana Bertha han sido los dos grandes pilares de lo que sé y de lo que soy.

Ambas, desde que yo era pequeña y sin darme cuenta, inculcaron y desarrollaron en mí el amor por la cocina. Lo que significa estar en ella, vestir una mesa, el placer de sentir que los demás disfruten lo que se ha preparado con tanto cariño…

Para mí, mi madre y mi hermana son un ejemplo de cómo hacer esto con esmero, dedicación, paciencia y amor. Hoy disfruto de gran complicidad con cada una.

A través de sus platos, siempre nos han “apapachado” o dado amor: alivian con un caldito caliente al enfermo, o festejan en la mesa nuestras alegrías. Buscan siempre un pretexto para reunir a familiares y amigos a compartir nuestros sabores: dulces, salados, agridulces, picantes… Indescriptibles como la vida misma.

Las charlas acerca de cómo se preparaba algo se volvieron costumbre, y hoy lo repito de la misma manera. Sólo así es como pueden seguir vivas las tradiciones. ¡Gracias a estas dos grandes mujeres de mi vida!

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