Pollo axolli, del Restaurante Miralto, en la Torre Latinoamericana

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La Torre Latinoamericana, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, con sus 182 metros de altura fue durante mucho tiempo el rascacielos más grande del mundo fuera de Estados Unidos, pero aún hoy por hoy sigue sorprendiendo: sólo necesitas entrar al restaurante Miralto, ubicado en el piso 41, y gozar de una vista espectacular, con lindos atardeceres o infinitas luces urbanas al anochecer, que te hacen imaginar qué habrá más allá.

No me canso de decir que la magia de la CDMX te envuelve y llena cada poro de tu ser de esperanza, alegría, amor, vitalidad y creatividad, recordándote la fuerza que hay en ti.

Con sus 10 años de existencia, Miralto es un restaurante relativamente joven, pero de altura, en sentido literal y figurado; no es gratuito que todos los días esté completamente lleno: el personal cuida hasta el mínimo detalle, el servicio es personalizado, sin llegar a agobiarte, y su único fin es que disfrutes al máximo tanto la comida como la experiencia, para irte de ahí con un recuerdo entrañable.

El capitán Marco Antonio Vázquez nos ofreció un delicioso platillo de pechuga de pollo axolli, que consta de una suprema de pollo rellena de queso de cabra, con costra de ajonjolí blanco y negro sobre un espejo de jamaica y un toque de habanero; una creación única que sólo podremos degustar en este mágico lugar.

Sintiéndome muy afortunada por estar en ese entorno, saboreé con todos los sentidos de esta riquísima creación de Miralto, de ese trato especial y de esa extraordinaria vista de la capital del país.

Gracias, Miralto, por recordarnos que siempre hay algo nuevo que ver, si desviamos un poco la mirada de lo cotidiano y le damos un nuevo sentido.

 

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