Rollo de frutas: dulce, mística y deliciosa tradición tapatía

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Este rollo de frutas es una delicadeza que aún se sigue fabricando
artesanalmente, tal como hace más de 200 años, y tiene una inusual curiosidad en
su elaboración.

La mezcla de siete frutas con la que se prepara es sumamente interesante: dátil,
ciruela pasa, chabacano (albaricoque), membrillo, pera, durazno (melocotón) e
higo, y se redondea espectacularmente con nuez.

A pesar de sonar pesado, es todo lo contrario, la ligereza de sus sabores
combinados resulta en un sabor muy fino y noble, tal como considero que debe
ser un dulce.

Me encanta la teoría de que los dulces reflejan nuestro estado de ánimo. No en
vano se dice que una persona es dulce cuando es gentil, amable y cariñosa.

Y aquí viene el “hechizo”: cuando la señora lo prepara, tiene todo un ritual,
simplemente el hecho de vendarse los ojos ya implica un montón de magia
alrededor, así como su historia, que coquetea con la numerología y la cábala.

En ello tuvo mucho que ver el afamado arquitecto Manuel Gómez Ibarra,
jalisciense ilustre al que se le deben varios edificios emblemáticos de Guadalajara,
como el Panteón de Belén. Él tenía una conexión especial con el número 36, y por
esta razón, la nana le daba 36 vueltas al dulce durante su preparación…
Misticismo o no, este dulce logra un inusual sabor.

El rollo de frutas es un dulce respaldado por toda una historia que se remonta a
dos siglos, y por un premio nacional en México, el Yacatecuhtli, que le fue
otorgado en 2001 por ser el mejor dulce artesanal del país.

Este rollo de frutas está para degustarse con todos los sentidos.

¿Conoces alguna otra tradición mística en la cocina? ¡Cuéntamela!

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