Sin molinillo no hay chocolate

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Siempre me ha llamado la atención el molinillo, y de pequeña me preguntaba
cómo es que tenía unos aros dentro, cómo habían hecho para que estuvieran
ahí… ¡Cuál fue mi sorpresa cuando en el Festival Come 2017, en Guadalajara,
Jalisco, estaba el artesano Juan Alonso Rodríguez, descendiente del primer artesano que salió con el torno de violín fuera del país, mostrándonos cómo se hace
un molinillo, así como sus diferentes formas y diseños artesanales, y por qué no
decir artísticos, también.

Me encanta visitar las comunidades y los pueblos y ver que se siguen utilizando
artículos tradicionales como los molinillos; gracias a ellos no se ha perdido la
tradición.
Si te fijas, en cada casa mexicana siempre hay uno, aunque esté olvidado,
herencia de nuestra madre o abuela, quienes lo utilizaban en los días fríos para
hacer un chocolate que nos calentara el cuerpo.
Me hipnotizaba el verlo girar, observar cómo iba creciendo la espuma de la leche
y oler el delicioso aroma del chocolate; el espectáculo se coronaba con el primer
sorbo a la taza y al ofrecer, como prueba, unos enormes, espumosos y dulces
bigotes sobre los labios.

Ahora somos más prácticos: todo va deprisa a la licuadora o a la Thermomix,
como si por perder cinco minutos extras se nos fuera la vida. Aparentemente
hacen la misma función: triturar y espumar el chocolate. Pero, aunque parezca
ideática, ¡no es lo mismo! Prueba un chocolate con leche caliente
verdaderamente casero, hecho a mano, y te darás cuenta de lo que te has
estado perdiendo durante muchos años por hacerlo en un electrodoméstico.
Como dijo don Juan Alonso: “Sin molinillo no hay chocolate, y sin chocolate no
hay molinillo”.

¿No tienes uno en casa? ¡Adquiérelo en un mercado!, y de vez en cuando date
unos minutos para mimarte con una auténtica taza de chocolate. Si hay niños en
casa, también muéstrales cómo se hace, para que no se pierdan nuestras
costumbres y aprendan a valorar nuestros utensilios de cocina.

Cuéntame, ¿cuándo fue la última vez que disfrutaste de un chocolate realmente
artesanal?

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