Tantárrea, sentirla y después comerla

(Tierra Blanca, Guanajuato)

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Hay unas 237 clases de insectos comestibles en México. La comida mexicana va más allá de los tacos y el guacamole, los insectos ofrecen diversos sabores, aromas y texturas: una grata sorpresa para los sentidos. Esta vez no fue la excepción.

Estuve en un increíble festín gastronómico que doña Virginia González Álvarez de Tierra Blanca, Guanajuato, México, ofreció en el Parque Guanajuato Bicentenario en el segundo Encuentro de Cocineras Tradicionales 2014. Nos sorprendió con unas tantárreas (o chinches de mezquite, xhohues o shamues) con mole realmente deliciosas.

Primero quise conocerlas “en vivo”. La sensación que me despertó ver y sentir una tantárrea caminar por mi brazo fue extraña, pero no desagradable. Ver su aspecto y sus colores tan alegres, mirarla de cerca y pensar que le habían dibujado esa cara tan graciosa, me invitó a olerla y después a probarla. Su sabor, más allá de disgustarme, ¡me encantó!

Quizá mi memoria, al estar familiarizada con experimentar diversos tipos de alimento, o el agradable olor a tostado, que me recordó a mi niñez, hicieron que tomara la decisión de comer una tantárrea sin reservas.

El hecho de que algunos platos nos gusten más que otros tiene que ver con la asociación de nuestros recuerdos. Algunas combinaciones o sabores nos transportan a un momento de nuestra infancia, o simplemente a algún episodio particular de nuestra vida. Un olor, un sabor, una textura o un sonido nos pueden traer memorias agradables o todo lo contrario, sin saber conscientemente por qué.

Yo creo que esa es la razón por la que nos gusta más algún lugar que otro para comer, o una receta para cocinar.

Te propongo que abras tu mente y no te niegues a saborear cosas nuevas, ¡la vida es para disfrutarse con todos los sentidos!

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