El tequesquite: una ayuda para la cocina, el cuerpo y hasta la casa

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Por fin salgo de la duda que tenía sobre el tequesquite, pues en muchos libros
de cocina, incluso en las recetas de mi abuela, aparece, y por más que lo
buscaba, no lo encontraba.

Por cosas de la casualidad, sin querer, en una visita a Comonfort, Guanajuato,
¡lo encontré en un mercado! No comprendo por qué es tan difícil hallar este útil
mineral, que parece una piedra, en los mercados hoy en día.

Qué tristeza que cada vez más se esté perdiendo la forma de elaborar los
platillos tradicionales, o de utilizar los ingredientes de modo medicinal, en lugar
de atiborrarnos de medicamentos.

El tequesquite, al estar compuesto por bicarbonato de sodio, sal y otros
minerales, suaviza los elotes y las leguminosas durante su cocción, “esponja” los
tamales y conserva el color original de los vegetales, entre otros usos, pero lo
que más me sorprende es el sabor que da una “simple” piedra a la comida.
Como bien me dijo doña Juana, sabe como a bicarbonato, con lo cual, aparte de
olvidarnos de usar sal, nos ayuda a la digestión.

A las vacas o a las cabras, en los pueblos se les acostumbraba dar una piedra
de sal o tequesquite para que la chuparan, les diera sed y comieran y bebieran
más, con lo que producían más leche, además de que se nutrían con el mineral.

Y en Comonfort me relataron que un abuelo traía “una tierra” desde Michoacán
que le daba a las vacas, le llamaban “salitre”, pero era lo mismo que el
tequesquite. Los animales la lamían y con eso se le “limpiaban” el estómago.

Al conocer esto tuvo sentido lo que me contó Juana: su abuela y su madre le
daban tequesquite en el té, para el malestar estomacal, o lo quemaban y lo
mezclaban con aceite para untárselo en el vientre y curar el empacho.

Y no sólo con estos fines, sino que lo usaban a diario en la cocina: en el atole,
los frijoles, los elotes o para suavizar las calabazas en dulce.

Incluso, doña Juana refirió que se lo ponían al barro para construir casas más
resistentes.

¡Cómo se aprende de la gente de antaño que aún sigue conservando las
costumbres y recetas de los ancestros!

Que vivan las tradiciones mexicanas y que vivan quienes hacen posible que las
sigamos disfrutando y conociendo. ¡Muchas gracias, doña Juana!

¿Tú habías oído hablar de esta maravilla mineral llamada Tequesquite? ¡Déjame
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